viernes, 14 de febrero de 2014

El adiós de una joya (parte III)



(Foto: Chris Howell)


 En la segunda parte de este post especial dejábamos al Vistafjord a finales de los 90 inmerso en un convulso tiempo de cambios en su naviera que no le serían ajenos. Aquí proseguiremos la historia. Y es que en lo relativo al Vistafjord la llegada de los nuevos dueños americanos a la naviera Cunard le tenía reservada una etapa de grandes cambios; siguiendo con el objetivo de homogeneizar la flota, a nuestro protagonista se le realizó un profundo cambio de identidad: el buque fue completamente remodelado en sus interiores con una decoración mucho más tradicional y más acorde al gusto británico, además pasó a lucir registro británico y exteriormente fue repintado con los históricos colores rojo y negro de la Cunard. Pero por muy importantes que fuesen, todas estas modificaciones quedaron en un segundo plano ante la principal metamorfosis que sufrió el navío; el nombre de Vistafjord, que durante más de un cuarto de siglo había lucido en su amura, desaparece para recibir uno más acorde con sus nuevos colores: Caronia. Se trataba del tecer barco en la historia de la naviera en portar dicha denominación y el primero desde 1973 en acabar con el sufijo -ia tradicional desde sus inicios en los buques de esa compañía si exceptuamos a los "Queens".


El "mini-Queen": La homogeneización de la flota Cunard así como la integración 
de una misma imagen corporativa en sus barcos fue otro de los aciertos de Carnival. 
El ya renombrado Caronia (en primer término) pasó a lucir una estética que, salvando 
las distancias de tamaño, lo asemejaba bastante al buque estrella de la compañía, 
el Queen Elizabeth 2 (al fondo).
(Fuente cruiseships.com)


Tras su ceremonia de bautizo en Liverpool el 10 de diciembre de 1999 justo al lado del histórico edificio que la Cunard tiene en la ciudad del Merseyside, el Caronia comenzó a operar con su nuevo nombre realizando habitualmente cruceros por el Atlántico y el Mediterráneo desde su puerto base de Southampton siendo uno de sus puntos habituales de escalas durante esa época A Coruña donde en varios años se convirtió en el buque con mayor número de presencias en la dársena herculina. Pero su nueva singladura como Caronia tuvo un corto recorrido; la llegada del gigantesco Queen Mary 2 prevista para finales de 2003  hizo que el Caronia no tuviese hueco dentro de la flota para los dirigentes de la compañía y tras un breve periodo de cuatro años con su nueva denominación y 21 al servicio de la naviera el Caronia dejó la Cunard en noviembre de 2004.


(Foto: Neven Jerkovic)


Para un buque de más de 30 años la salida de una compañía podría significar un terrible destino rumbo a algún chatarrero pero si hablamos de todo un ilustre de los mares como el protagonista de esta historia está claro que siempre queda una bala en la recámara. Tras su puesta en venta por parte de la Cunard la compañía británica Saga Holidays, especializada en cruceros para el mercado británico, decide comprar la nave. Saga ofrece travesías para un cliente-tipo con una edad superior a los 50 años a bordo de buques pequeños y clásicos y el Caronia encajaba como un guante en esa definición. Otro importante detalle lo convertía en el fichaje perfecto: la naviera operaba en ese momento con el buque Saga Rose, el anterior Sagafjord, por lo que tras casi una década separados las dos naves hermanas volvieron a trabajar para una misma compañía.


Saga Rose (izquierda) y Saga Ruby (derecha) atracados juntos. 
Tras una década los dos buques cuasigemelos volvieron a navegar 
al servicio de la misma compañía en 2004.
(Foto: autor desconocido)


Tras formalizarse el acuerdo de venta el buque fue llevado a los astilleros donde se le realizó una profunda reforma que incluyó el reacondicionamiento de los generadores y el sistema de propulsión, mejoras en el sistema anti-incendios, rediseño de la popa que incluyó atrasar la piscina, redecoración y rediseño de sus zonas interiores así como la conversión de algunos camarotes a individuales con la consiguiente reducción en el número de pasajeros (de 677 a 655). La remodelación valorada en unos 17 millones de libras esterlinas (unos 21 millones de euros) se completó con unos nuevos colores del casco y de su chimenea y con su nuevo nombre, Saga Ruby, una denominación muy apropiada para esta auténtica joya de los mares.


Durante su conversión de Caronia a Saga Ruby una de las principales 
modificaciones se produjo a popa de la nave donde se reubicó la piscina 
hacia una posición más retrasada ganando espacio exterior en las cubiertas.
(Fuente: Saga Cruises)


A lo largo de estos años y en la que sería su última etapa profesional como buque de cruceros, el Ruby demostró ser todo un éxito contando con una gran legión de seguidores que preferían la experiencia de realizar un crucero a bordo de un pequeño buque clásico en lugar de los cada vez más abundantes megacruceros con capacidades para 3.000 o 4.000 personas. Al gran éxito contribuyeron experiencias como la del crucero misterioso en la cual el Saga Ruby realizaba rutas donde los viajeros que viajaban a bordo no conocían el recorrido, tan sólo los puertos de embarque y desembarque, manteniendo la ruta en secreto unicamente conocida por el capitán y unos pocos oficiales. La iniciativa se realizó por primera vez en la campaña de 2007 y desde entonces se convirtió en todo un clásico dentro del calendario anual del Saga Ruby.


El Saga Ruby durante su salida de A Coruña el pasado mes de octubre.
(Foto: Jose R. Montero)


Pero no todo fueron alegrías para el Saga Ruby. Su edad comenzaba a pasarle factura y los problemas mecánicos comenzaron a convertirse en un habitual para este pequeño-gran navío. A finales de 2009 llegó el primer aviso serio de peligro; el Ruby se quedó solo. Su querido hermano Saga Rose fue retirado del servicio activo permaneciendo amarrado durante varias semanas en Gibraltar sin aclararse demasiado los detalles de su futuro. Tras partir del peñón rumbo a un destino desconocido y sin conocerse los detalles de sus nuevos propietarios, los temores de que el destino final fuera un chatarrero asiático se confirmaron a mediados de 2010 cuando aparecieron fotos del buque ya semidesmantelado en un astillero chino. Un final inmerecido para todo un clásico de los mares.


El Saga Rose acabó sus días como tantas otras joyas de los mares desguazado 
en un chatarrero asiático.
(Foto: Clive Harley)


Pese a gozar de una tremenda reputación y de un gran éxito, y visto lo que había sucedido con su cuasigemelo era inevitable que el final del Saga Ruby estuviese cerca. En julio de 2012 Saga Cruises anunció que el Ruby se retiraría del servicio comercial a finales de 2013, justo en el año en el que el buque cumplía su 40 aniversario por lo que se planificó una temporada por todo lo alto que incluiría entre otros una vuelta al mundo a principios de ese año y un espectacular viaje transatlántico final de 31 días de duración con desembarque en Southampton y parada previa en nuestra ciudad en lo que sería la última escala oficial del navío antes de su retirada definitiva. Lamentablemente ninguno de estos planes llegó a realizarse.




Estaba claro que el entusiasmo del buque estaba bastante por encima de sus condiciones físicas. A principios de 2013 con todo listo para el inicio de su última circunnavegación al globo y con los pasajeros ya a bordo una avería en un cigueñal obligó a suspender el viaje y a devolver el importe de los billetes al pasaje, indemnización incluida. No sólo eso; la grave avería incluso ponía en peligro el resto de la campaña de cruceros. ¿Podría haber escrito el Saga Ruby su última página?. Afortunadamente no fue así y tras una costosa reparación de 6 semanas de duración el 20 de febrero el Ruby volvió a hacerse a la mar con un itinerario modificado que sustituiría a la fallida vuelta al mundo.


(Foto: Jose R. Montero)


A lo largo de su campaña de despedida los achaques mecánicos no acabaron de desaparecer del todo pero lo cierto es que volvieron a recrudecerse en el peor momento; en su viaje de despedida. Con salida desde Southampton el 7 de diciembre, el Saga Ruby se disponía a hacer una travesía transatlántica de un mes con escalas en los puertos de Praia da Vitória (Azores), Bridgetown (Barbados), Port Spain (Trinidad y Tobago), Kingstown (San Vicente), St George (Grenada), Castries (Santa Lucía), Rosseau (Dominica); Basseterre (St. Kitts), St John (Antigua), Funchal (Madeira), Lisboa (Portugal) y A Coruña pero la previsión saltó por los aires cuando tan sólo se llevaba una semana de travesía por la avería de un generador que dejó inutilizado el sistema del aire acondicionado.


(Foto: Jose R. Montero)


 El problema mecánico obligó al capitán a anular la ruta por el Caribe y a poner rumbo de nuevo a Europa para realizar una ruta alternativa por el Mediterráneo. Los pasajeros, que en su mayoría decidieron permanecer a bordo, recibieron una indemnización del 40% del valor del pasaje; no fue un mal negocio ya que además de ahorrarse casi la mitad de lo pagado, pasaron el fin de año en Funchal contemplando los famosos fuegos artificiales de nochevieja, un acontecimiento que goza de una gran fama mundial. La escala de A Coruña en un principio no sufría alteraciones pero en un cruel giro del destino una profunda borrasca obligó al Saga Ruby a anular su parada en nuestra ciudad. Como ya expliqué en la primera parte de esta entrada la anulación supuso un duro golpe moral para la comunidad shipspotera local que tenía ya todo preparado para la última singladura del legendario navío por la bahía herculina.


 


Tras poner punto y final a su carrera en Saga Cruises con el desembarque de los pasajeros el pasado día 9 de enero en el puerto de Southampton se abría la puerta para la incertidumbre: ¿Que futuro le esperaba al clásico navío?. Las dudas se disiparon pronto y parece que el final no es tan triste como en el caso de su malogrado hermano Saga Rose. Según comunicó la naviera británica el buque ha sido vendido a la Millenium View Limited, una filial de un consorcio de Singapur que tiene proyectado convertir al Saga Ruby en un hotel flotante y situarlo en Myanmar (la antigua Birmania). Para ello el buque fue llevado a Gibraltar el pasado día 17 con el objetivo de realizar en la colonia inglesa unos profundos trabajos de remodelación que incluyeron una revisión en la maquinaria así como trabajos de mejora en los camarotes. Pero el cambio más destacable fue el del nombre y el buque que nació como Vistafjord y fue conocido a lo largo de su vida como Caronia o Saga Ruby será a partir de ahora el Oasia, una denominación más acorde con su nuevo cometido. El precio de la operación de venta del ya ex-Saga Ruby se ha estimado en unos 14 millones de euros.


El ya renombrado como Oasia atracado todavía en Gibraltar.
(Foto: Tony Davis)


Hace unos días el buque pasaba cerca de la costa gallega camino del puerto de Gibraltar. Desgraciadamente es lo más cerca que volveremos a tener a esta joya de los mares que nos deja pero nos queda el consuelo de sus muchas escalas en nuestro puerto a lo largo de todos estos años, la última de ellas el pasado mes de octubre, y que hicieron disfrutar tantas veces con sus múltiples maniobras a todos los que amamos a estos clásicos navíos y en general el mundo de los barcos. Ya no está. Jamás volverá. Adiós Vistafjord. Adiós Caronia. Adiós Saga Ruby. Hasta siempre.




Quisiera agradecer a todos los que han aportado su granito de arena para la elaboración de este largo post especial de despedida al Saga Ruby, en especial a mi buen amigo Jose Montero de cuya autoría son algunas de las fotos. Como colofón a este modesto homenaje en forma de entrada a continuación os dejo un vídeo de la última partida del Saga Ruby de su puerto base de Southampton el pasado 10 de enero, una despedida muy sonora por el intercambio de bocinazos entre nuestro protagonista y el hasta hace unas semanas compañero de flota Saga Pearl II.







miércoles, 12 de febrero de 2014

El adiós de una joya (parte II)



(Foto: Edson de Lima Lucas)


 En la primera parte de esta entrada dedicada al buque Saga Ruby habíamos dejado la historia en el año 1983, momento en el que la nave pasa a manos de la compañía Cunard Line; en este punto proseguiremos con el relato. La compra de la naviera Norwegian America Cruises y de sus buques por parte de Cunard había sido una operación perfectamente calculada. La mítica naviera británica, que también se encontraba en una dificil situación económica, había sido comprada en 1971 por un consorcio empresarial llamado Trafalgar House.


 
 (Foto: Marco Schoone)


Trafalgar House entró en el sector marítimo como un elefante en una cacharrería; apostando por el mercado de cruceros de lujo, cuando la fusión entre las compañías Norwegian America Cruises y Royal Viking Line falló se lanzó rapidamente a por la primera de ellas. No fue el único movimiento de este auténtico tiburón financiero; en un intento de acabar con la competencia a golpe de talonario este consorcio realizó un intento que definiremos como "agresivo" de intentar absorber a todo un histórico británico como la P&O que se defendió como pudo del brutal ataque financiero llevando el caso a la comisión de fusiones y monopolios consiguiendo finalmente zafarse de las garras del voraz consorcio. Ironías de la vida la Cunard y la P&O, otrora rivales, santo y seña de la más orgullosa tradición naval de Gran Bretaña pertenecen ahora a la misma compañía, la Carnival Corp., que para mas inri es estadounidense (cosas de la globalización...)


(Foto: Gordon Dalzell)


Pese a que como antes indiqué tanto el Sagafjord como nuestro protagonista de hoy siguieron operando con sus nombres originales, Trafalgar demostró que el negocio de los barcos no era lo suyo y llevó a cabo en los buques una serie de modificaciones un tanto controvertidas y muy criticadas por los acérrimos seguidores de estos dos navíos. Los principales modificaciones se centraron en el estilo del mobiliario que se cambió por uno más moderno, la adición de 22 suites con balcón a popa (lo que arruinaba la esbelta caida de sus cubiertas), o la desaparición de una de las estancias más emblemáticas a bordo, el Viking Club Lounge.


El North Cape Bar a bordo del Vistafjord.
(Fuente: thecaptainslog.org.uk)


Pese a los desacertados cambios el Vistafjord siguió gozando de una excelente reputación dentro de la industria crucerística del momento. Quizás durante estos últimos años, ya como Saga Ruby lo viéramos como un buque de estampa clásica más pero la realidad era que durante muchos tiempo se le consideró como uno de los más lujosos surcando las aguas; Puede hacernos una idea del nivel de ambos buques el que la prestigiosa guía Berlitz, algo así como la biblia de la industria crucerística, catalogara al Vistafjord y a su hermano Sagafjord con 5 estrellas plus (la puntuación más alta posible) durante 13 años consecutivos.Y es que durante ese tiempo el Vistafjord gozó de unos años exitosos junto a su mal llamado gemelo (puesto que no lo son) Sagafjord en el seno de la familia Cunard pero como la felicidad no dura para toda la vida los nubarrones comenzaron a aparecer a mediados de los 90 y en el año 1995 comenzó a "llover".


(Foto: Michael Neidig)


El inicio de los noventa fue realmente catastrófico para Trafalgar House con unas pérdidas en el sector de la ingeniería de unos 154 millones de libras esterlinas (una pasta) y en 1995 la situación terminó de arreglarse cuando un fallido intento de hacerse con la compañía Northern Electric le costó otros 12 millones de libras. El resumen de esta calamidad económica es que el anteriomente voraz consorcio devoraempresas se encontraba ahora en seria amenaza de bancarrota y solo podría salvarse si aparecía un comprador. En marzo de 1996 apareció el salvador; se trataba de la noruega Kvaerner, un grupo empresarial especializado en ingeniería y construcción naval que vio en la compra de Trafalgar por 904 millones de libras esterlinas una excelente oportunidad de expandir su negocio. Desgraciadamente "su negocio" era la ingeniería y la construcción, no los cruceros y muy pronto quedó claro que la Cunard no les interesaba en absoluto poniéndola a la venta.


(Foto: Clive Harley)


Si la situación corporativa de la naviera era más que preocupante, los incidentes de su flota le pusieron la guinda a ese año. De hecho 1996 se considera como el "annus horribilis" por excelencia de la Cunard; en febrero el Sagafjord sufrió un incendio cerca de Filipinas y la Cunard se vió obligada a retirarlo del servicio activo. Dos meses después del accidente del Sagafjord otro de los buques de la naviera, el Royal Viking Sun, encalló en una barrera de coral en Shar-El Sheikh (Egipto) sin consecuencias... para sus pasajeros porque las autoridades egipcias arrestaron el barco por los daños causados y obligaron a la Cunard a pagar 16 millones de libras esterlinas en compensación. Al final el asunto se resolvió por tan "sólo" 2 millones pero teniendo en cuenta la precaria situación económica de la naviera el incidente dejó herida de muerte a la compañía.


El Royal Viking Sun, protagonista en aquel nefasto 1996, navega hoy en día 
bajo el nombre de Prinsendam para la Holland America Line.
(Foto: Michael Brakhage)


Con las arcas temblando la Cunard se vio obligada a deshacerse de uno de los buques de su flota; el elegido es el accidentado Sagafjord, que perfectamente recuperable abandona la compañía a mediados de ese mismo año. Ya nunca volverá a navegar para la Cunard. Por primera vez en 23 años el Vistafjord se separa de su hermano. Pese a las medidas desesperadas la compañía británica no logra salir del pozo.; en una situación límite, con grandes pérdidas y con unos propietarios ni siquiera interesados en el negocio del crucero la Cunard parece abocada a caer en el olvido pero es entonces cuando aparece el ansiado salvavidas.


El Sagafjord  fue el buque sacrificado para sanear las cuentas de la Cunard. 
En un principio el navío fue charteado a la alemana Transocean Tours 
durante 6 meses, que lo rebautizó como Gripsholm.
(Foto: Clive Harley)


...Y no uno cualquiera si no uno americano y bien grande. La poderosa Carnival Corp., uno de los gigantes del sector turístico marítimo ve en las dificultades económicas de la legendaria naviera británica una oportunidad de oro para continuar aumentando su negocio. Este consorcio capitaneado por la familia Arison experimenta una enorme expansión desde finales de los 80 con la compra de la compañía Holland America Line en 1989 a la que seguirían Seabourn en 1992 y Costa Crociere en 1997. Con el intento de hacerse un hueco en el segmento premium del mercado, Carnival buscó comprar una naviera con un enorme prestigio en este campo y la opción de Cunard era perfecta; así la operación de compra a Kvaerner se cerró el 3 de abril de 1998 en unos 500 millones de dólares. Tras 158 años de historia Cunard deja de ser británica.


Carnival es en la actualidad el gigante crucerístico por excelencia operando con más 
de 100 barcos repartidos en 10 marcas además de la suya propia. En este fotomontaje 
podemos ver una comparación entre su primer buque, el Mardi Gras y un componente 
de su actual flota, el Carnival Magic de 2011.


Los planes que Carnival tenía sobre su nueva adquisición eran ambiciosos y buscaban como objetivo recuperar el prestigio perdido para uno de los nombres más famosos en la historia de la navegación. El primer paso fue realizar una profunda remodelación en su buque insignia, el Queen Elizabeth 2, con la idea de reverdecer los viejos laureles del famoso liner. Pero la jugada maestra de la compañía americana era otra, una auténtica bomba que puso patas arriba el mundillo crucerístico; la Carnival mandó construir el primer transatlántico tras más de 30 años y el más grande de todos los tiempos. Apenas cinco años después de esta arriesgada apuesta vio la luz el Queen Mary 2, uno de los navíos más impresionantes jamás construidos y el ejemplo perfecto de como llevar el tradicional espíritu de la navegación transatlántica al siglo XXI.


Si en una cosa acertó Carnival para revitalizar la Cunard fue en construir 
el transatlántico Queen Mary 2. La prueba es que a día de hoy y cuando ya 
han pasado 10 años desde su botadura, el QM2 sigue siendo el buque 
más mediático en todo el mundo.


Pero además de todas estas decisiones urgía poner un poco de orden en la desordenada flota. Por aquel entonces Cunard operaba con 5 buques a cada cual más distinto que el anterior así que para poner un poco de criterio en ese caos los nuevos directivos de la compañía decicieron transferir los buques Royal Viking Sun, Sea Goddess I y Sea Goddess II a la Seabourn Cruise Lines quedando Cunard tan sólo con el Queen Elizabeth 2 y nuestro protagonista de hoy, el Vistafjord hasta la llegada del nuevo emblema de la compañía, el Queen Mary 2. Pero para nuestra joya había reservados grandes planes...


(Foto: John Kent)


...y los veremos en la tercera parte.



lunes, 10 de febrero de 2014

El adiós de una joya (parte I)





"El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día"
Paulo Coelho


Viajero es aquel dispuesto a descubrir cualquier rincón del mundo allí donde pueda encontrar una nueva experiencia vital, el que emprende camino sin saber donde despedirá el día y en qué lugar recibirá al siguiente y el que sin tener en cuenta las inclemencias del tiempo siempre está preparado para partir. A veces esa partida es la definitiva; un hasta siempre en lugar de un hasta luego como el que ocurrió hace unas semanas con uno de los "viajeros" más longevos, más bellos y sin lugar a dudas más emblemáticos de cuantos se dedican (o dedicaban) al negocio de los cruceros. Les hablo del Saga Ruby que el pasado día 10 de enero puso punto y final a una dilatada y exitosa carrera comercial de más de 40 años de duración; otro pedacito de historia que se pierde, y cada vez van quedando menos surcando los mares. Una triste despedida que en nuestra ciudad tuvo un marcado punto de amargor.


(Foto: Jose R. Montero)


La fecha estaba marcada a fuego en los calendarios de los shipspotters locales desde hacía muchos meses y la casualidad quiso colocar tan importante acontecimiento en un día  tan mágico como el 5 de enero, un perfecto regalo antes de la mágica noche de Reyes. El Saga Ruby, uno de los últimos representantes de la estirpe de buques clásicos, visitaría la ciudad por última vez justo dos jornadas antes de su retirada definitiva. Puede que fuera esa misma casualidad o puede que fuera por esas cosas crueles del destino lo cierto es que una profunda borrasca se interpuso entre el histórico navío y A Coruña tomando su capitán la decisión de anular la escala en nuestro puerto y permanecer a resguardo en Lisboa durante varias jornadas. La decisión, del todo justificada por anteponer la seguridad de los que iban a bordo sobre cualquier otra circunstancia, cayó en  A Coruña como un jarro de agua fría provocando una profunda decepción entre la comunidad shipspottera gallega; una de las grandes citas del 2014 se iba al traste.


El Saga Ruby a su llegada a la ciudad durante su última escala 
en octubre de 2013.


Así que como las circunstancias me han impedido dedicarle al Saga Ruby la despedida que se merece  y que se ha ganado a pulso por lo mucho que a lo largo de estos años nos ha hecho disfrutar con sus escalas en nuestra ciudad, me ha parecido de justicia hacerle un homenaje en este modesto blog repasando su longeva y exitosa trayectoria con el objetivo de que su brillante carrera nunca caiga en el olvido y para resaltar que, aún siendo pequeño, un buque puede ser todo un grande en esto de la  navegación.


El Saga Ruby entrando en la ría de Ferrol.


Y para comenzar esta historia hay que remontarse al 15 de mayo de 1972. Ese día en los astilleros Swan Hunter Shipbuilders de Wallsend (Inglaterra) botan el casco nº 39 bautizado posteriormente con el nombre de Vistafjord. Se trataba de un encargo para la naviera Norwegian America Line (NAL), uno más cabría pensar de los muchos realizados por este histórico astillero en sus por entonces más de 90 años de historia y del que salieron nombre míticos de la navegación como el RMS Carpathia, el buque que auxilió al malogrado Titanic, o el más legendario de todos, el RMS Mauretania, uno de los transatlánticos más famosos de todos los tiempos. El buque botado aquella primavera del 72 no debería haber pasado a la historia por ninguna circunstancia concreta pero sí lo hizo y por un motivo nada desdeñable; el Vistafjord se convirtió en el último transatlántico en construirse en el Reino Unido y eso para una nación tan orgullosa de su impresionante legado marítimo es todo un acontecimiento.


Impresionante vista de la proa del Vistafjord días antes 
de su botadura oficial.
(Foto: Kevin Blair)


El Vistafjord era un buque de 24.292 toneladas de registro bruto, 191 metros de eslora, una manga de 25 metros y un calado de 8,2 metros diseñado para navegar a los 20 nudos de velocidad que le proporcionaban sus dos motores diesel Sulzer acoplados a dos hélices. En esencia el buque era una copia de un diseño previo construido ocho años antes para la misma naviera en los astilleros de Forges et Chantiers de la Méditerranée en La Seyne (Francia) bajo el nombre de Sagafjord y que a nuestros días llegó como Saga Rose, hoy tristemente desaparecido. A diferencia del Sagafjord, el Vistafjord tenía una cubierta a mayores, unas líneas un poco más angulosas e interiormente ofrecía otras variaciones como el restaurante principal situado en una sola cubierta. Estas diferencias hacían que el Vistafjord tuviese una mayor capacidad de pasaje que su hermano mayor y alcanzaba la cifra de 670 pasajeros atendidos por una dotación de 390 tripulantes, números que situaban a esta nave y a su cuasigemelo dentro del segmento de los navíos de crucero más lujosos del mundo.


El Vistafjord durante su viaje inaugural.
(Foto Kevin Blair)


De hecho la reputación de su naviera en este aspecto era envidiable. Nacida en 1910 para proporcionar un servicio ante la creciente corriente emigrante entre Escandinavia y Norteamerica, la Norwegian America Line comenzó a centrarse en los cruceros de lujo tras la I Guerra Mundial. A finales de los 50 y principios de los 60 la compañía se vio inmersa en una profunda remodelación de su flota con la construcción de varios buques siendo el Vistafjord el último en construirse para esta mítica naviera. El propósito de la NAL era operar con sus dos últimas incorporaciones en Europa realizando esporádicas rutas transatlánticas entre Oslo y Nueva York. De hecho esta ruta fue el viaje inaugural del Vistafjord iniciado el 22 de mayo de 1973. Desde esa fecha el buque noruego comenzó una carrera plagada de éxitos y casi sin rival....


Rebuscando en internet encuentras fotos tan curiosas como ésta. Se trata del Vistafjord todavía con los colores de la NAL en una escala realizada en A Coruña atracado en el muelle de Batería. La instantánea es del año 1978.
(Foto: Clive Harley)


....Casi. Pero todos los grandes nombres tienen su némesis y en el caso de la Norwegian America Line ésta era la también noruega Royal Viking Line: Fundada en 1972 esta compañía competía en lujo con la NAL gracias a tres buques gemelos de nueva factura: los Royal Viking Star, Sky y Sea, que han llegado a nuestros días como Black Watch, Boudicca y Albatros respectivamente. Curiosamente la historia tenía reservada para la rivalidad de estas dos compañías un paradójico desenlace.


El Royal Viking Star, uno de los grandes rivales del Vistafjord a finales de los 70.
Hoy en día conocemos a este buque como Black Watch.
(Foto: Tony Martin)


En la década de los 80 la Norwegian America Line, ya renombrada como Norwegian America Cruises, no pasaba por su mejor momento económico pese a su notable popularidad debido a la difícil situación del sector crucerístico en aquellos años y la solución a sus males financieros pasaba por una fusión con otra compañía. En un irónico giro de los acontecimientos las antaño rivales NAL y Royal Viking Line decidieron fusionarse bajo el nombre genérico de la última pero modificando la imagen corporativa, incluso se había decidido ya que los buques Sagafjord y Vistafjord pasaran a llamarse Royal Viking Saga y Royal Viking Vista pero el acuerdo de fusión no llegó a buen término y todo quedó en papel mojado.


(Foto: Michael Segeth)


Finalmente, y en una situación agónica, la NAL encontró un salvavidas en forma de oferta de compra por parte de la naviera Cunard en 1983 que puso el punto y final a 73 años de historia de la compañía noruega. Tanto el Sagafjord como el Vistafjord pasaron a operar a las órdenes de sus nuevos propietarios pero su prestigio era tal que la Cunard no modificó sus nombres, tan sólo variaron los colores en sus chimeneas que pasaron a ser los emblemáticos rojo y negro de la naviera británica.


El Vistafjord luciendo ya en su chimenea los emblemáticos colores de la Cunard.


Tras 10 años de trabajo para la compañía noruega nuestro protagonista de hoy iniciaba una nueva etapa en su carrera pero de momento dejamos la historia aquí. En la segunda parte os contare como le fue al Vistafjord a finales del siglo XX.


(Foto: Finn Tornquist)



sábado, 1 de febrero de 2014

Alerta roja



(Foto: Jose Manuel Ojén)


Alerta. Una palabra preocupante y que las últimas semanas surge inevitablemente a la hora de referirse a la climatología que tenemos desde que comenzó este atípico invierno. Atípico no por la presencia del frío, la lluvia o el viento si no por la extrema virulencia con la que se presentan estos fenómenos atmosféricos sobre todo estos dos último lo que da lugar a que continuamente la Agencia Estatal de Meteorología ordene algún tipo de alerta, bien sea amarilla, naranja o la ultimamente tan frecuente alerta roja, algo bastante alejado de la media de los últimos años. Y es que como titulaba hace unos días un períodico local no es normal tanta alerta roja.


(Foto: Manuel Candal)


Esta semana nos ha tocado vivir el enésimo episodio de estas características. El pasado lunes la previsión de empeoramiento en las condiciones marítimas hacía aumentar la alerta de naranja a roja a partir de las 18:00 horas. Máximo peligro. Olas de hasta 10 metros y vientos de más de 80 km/h que ya comenzaban a hacer de las suyas ese día en la mar. La primera víctima que se cobró la nueva borrasca fue el mercante holandés Abis Calais que con una avería en la hélice a primera hora de la mañana quedaba a la deriva y peligrosamente cerca de la costa coruñesa. En un impresionante y complicadísimo operativo de rescate que duró más de 53 horas y que en los momentos más críticos dejó al buque a menos de una milla de las islas Gabeiras finalmente se consiguió dar remolque al mercante y ponerlo a salvo en la ría ferrolana.


El Abis Calais a la deriva en mitad del embravecido océano tratándode 
ser remolcado por una unidad de Salvamento Marítimo.
(Fuente: Salvamento Marítimo)


Otra víctima del temporal fue el buque de crucero Oriana, que con su escala prevista para ese mismo día 27 se encontró con un inesperado y siempre desagradable compañero de atraque como es la alerta roja. En este caso las "víctimas" más que el propio crucero fueron sus sufridos moradores, que no debieron disfrutar mucho de la estancia y sobre todo de la salida del puerto coruñés. Lo que son las cosas; desde tierra el espectáculo se disfrutó de una manera bastante distinta.


El Oriana atracado en el muelle de transatlánticos.
(Foto: Manuel Candal)


Pero comencemos por el principio. En su primera parada del año, el Oriana llegó a la dársena herculina pasadas las 07:00 horas en unas condiciones que hubiera firmado para su posterior salida. Procedente de Gibraltar el navío de P&O, todo un habitual por nuestra costa, permaneció unas nueve horas atracado en puerto dando a sus casi 2.000 pasajeros la oportunidad de descubrir algunos de los bellos rincones de nuestra ciudad y de sus alrededores pese a que el clima no invitaba a ello. Es lo que tiene realizar un crucero en pleno mes de enero y por la costa Atlántica europea, que no puedes esperar que venga el buen tiempo...


(Foto: Jose Manuel Cereijo)


... Pero tampoco que venga tan malo. Ya amarrado en el muelle de transatlánticos el capitán de Oriana sabía que por la tarde la cosa se iba a poner muy fea y que la salida sería bastante comprometida; la situación llegó al extremo incluso de valorar que el Oriana se quedase a pasar la noche refugiado en A Coruña pero finalmente se optó por hacerse a la mar a la hora prevista considerando que no se comprometía la seguridad de ninguna de las personas que viajaban a bordo.


El Oriana preparado para hacer frente a la bravura del mar durante su salida.
(Foto: Jose manuel Ojén)


Pasados unos minutos de las seis de la tarde el Oriana soltó amarras con destino a Southampton y preparado para hacer frente a lo inevitable. Las brutales acometidas del oleaje le esperaban a la vuelta del dique de abrigo pero el navío inglés no se arredró y con paso firme puso proa a su destino fijado. El espectáculo desde la costa resultaba sobrecogedor y es que ver a un buque de la envergadura del Oriana, con sus 260 metros de eslora y sus casi 70.000 toneladas de registro bruto, dando violentos pantocazos en mitad de la noche pone los pelos de punta. Reconozco que en ese momento no me cambiaría por ninguno de sus pasajeros. Como una imagen vale más que mil palabras a continuación os dejo un vídeo de la salida del Oriana del pasado lunes, obra de Óscar Blanco, en el que podemos ver el impresionante "baile" que se marcó el buque británico durante su salida. Aprovecho para darle las gracias a Óscar por permitirme compartir el vídeo en este blog así como a  Manuel Candal, Jose Manuel Cereijo y Jose Manuel Ojén por su colaboración en forma de estupendas fotos.